Una visión fresca de la medición de pobreza que incorpora el bienestar global

Europa no se asocia con la pobreza; pero por la crisis económica, España tiene la mayor tasa de paro de la zona euro (alrededor del 2,5%), solo superada por Grecia y que se ha cebado en miles de familias y afecta de una manera directa a la población infantil, hasta el punto de que dos millones y medio de niños y niñas se encuentran en riesgo de pobreza en nuestro país (Más información aquí).

También, hay una tendencia de comparar en otros países europeos como ejemplos, que todo va mejor allí. Sin embargo, la pobreza es un tema actual en el Reino Unido en este momento con 2,6 millones de personas viven en pobreza absoluta.

El pasado mes de Julio, el gobierno británico cambió la manera de medir la pobreza infantil desde un enfoque centrado en los ingresos de familias a otro que se concentra más en los orígenes de la pobreza. Estos cambios resultaban polémicos y son descritos en un artículo escrito por Keetie Roelen, miembro investigador en el Institute of Development Studies en el Reino Unido y un co-directora del Centre for Social Protection. Roelen nos avisa que los cambios pueden tener unas consecuencias imprevistas (aquí artículo completo).

La nueva manera de medir la pobreza infantil en el Reino Unido se base en “las causas de origen” como son el desempleo y las rupturas intrafamiliares y se están alejando del modelo basando en los ingresos. Tener un buen salario no es suficiente en la lucha para conseguir el bienestar infantil; es importante pero la realidad nunca resulta tan sencilla.

Conseguir altos niveles de bienestar para niños y niñas es complejo e incluye una gran variedad de influencias: padres, la familia extensa, la comunidad en que viven y también el gobierno. Es decir, que tener un buen salario no asegura el bienestar infantil, pero a la misma vez, sí, que ayuda para que familias puedan atender más fácilmente a las necesidades de sus niños y niñas. Por lo tanto, es inevitable que si se mide la pobreza infantil sólo desde la perspectiva de ingresos resulta que muchos niños y niñas quedan fuera de las políticas gubernamentales que deben defender su bienestar.

Además, tener en cuenta sólo las causas de origen, como el gobierno británico pretende hacer, tiene desventajas, según Roelen. Esta perspectiva no sólo ignora los factores complejos que influyen en el bienestar infantil sino que también pueden echar toda la culpa y la responsabilidad a los padres, a los niños y niñas, sin considerar factores sociales y ambientales.

El autor expone que sería importante incluir también las causas que pertenecen al ámbito fuera de la familia. Si no, arriesgaría convertir el análisis de la pobreza en un intercambio de culpas. Roelen propone un equilibrio en que se mida la pobreza en relación con el ingreso y también factores sociales y comenta que no es una cuestión de culpar sino de concentrarse en el problema y cómo resolverlo, una visión fresca de la medición de pobreza que incorpora el bienestar global. Tener en cuenta el bienestar infantil promueve la realización de medidas concretas y a la vez no ignora las realidades de la carencia material.