Catedrático de la Universitat de Girona y experto en el ámbito de los derechos de la infancia y la adolescencia, Ferrán Casas nos habla de un campo nuevo de la investigación social: el estudio de lo que los niños dicen y piensan sobre su propio bienestar. Un tema que promete revolucionar la forma como percibimos las sociedades en base a las expectativas de los ciudadanos.

 ¿Desde cuándo se ha comenzado a preguntar a los niños y adolescentes por su bienestar?

Desde hace 30 o 40 años se viene preguntando a los adultos por estas cuestiones. Pero para saber si los niños y niñas viven con calidad de vida, debemos preguntarles directamente a ellos. Así comienzan a nacer líneas de investigación que plantean qué es el bienestar subjetivo de la infancia. Se trata de un campo de investigación relativamente joven, que por el momento sólo recoge datos a nivel nacional, y sólo en algunos países. Hace 20 años no había datos sobre esto.

¿Qué hallazgos podemos destacar de estas investigaciones?

Hay muchas diferencias entre lo que los padres y los niños valoran y esperan respecto al futuro de los hijos. Por ejemplo, los padres aprecian mucho la personalidad de las hijas, y muy poco la de los hijos. Valoran mucho los buenos modales en los hijos y muy poco en las hijas. Es decir, los padres proyectan lo que suponen que sus hijos no tienen. Por otra parte, lo más inesperado de todo es que, desde hace diez años, sabemos que la satisfacción vital y la felicidad disminuyen de los 10 a los 16 años en todos los países para luego estabilizarse al llegar a la edad adulta. Para algunos autores, se trata de un problema de las sociedades tecnológicamente avanzadas, donde aumenta el estrés y las presiones para aprender, pero nosotros no estamos de acuerdo con esta interpretación. Consideramos que es un fenómeno natural que ha existido siempre y que no lo sabíamos.

¿Con la crisis está disminuyendo el bienestar subjetivo infantil?

Actualmente no hay estudios que lo demuestren. Lo que hay son estudios basados en indicadores objetivos. En los 30 años del Observatorio Europeo de la Pobreza y Exclusión Social se puede ver que la pobreza de las personas adultas ha disminuido prácticamente en todos los países, mientras que la pobreza infantil casi no ha disminuido. Es más, en algunos países ha aumentado. Por lo tanto, la población infantil en Europa es el grupo más excluido de las dinámicas económicas.

A los adultos, se nos pregunta si somos felices con el trabajo que hacemos. ¿A los niños, se les pregunta por la escuela?

A los adultos les preguntamos por su satisfacción con la vida profesional. Pero no es lo mismo que preguntar a los niños por su satisfacción con la escuela. Es una cuestión más complicada. En los últimos años hemos descubierto que para los niños y niñas, se trata de dos mundos. Uno son las notas, los profesores, las asignaturas. Otro, los compañeros, cuántas cosas haces con ellos en el tiempo libre. Estos dos mundos no contribuyen de forma igual a la satisfacción de los niños y niñas, y esto es un tema hoy muy poco estudiado. Todos estamos de acuerdo en que la escuela es importante, pero aún no tenemos claro cuáles son los temas y variables importantes para la satisfacción con el mundo escolar.

Sabemos que para gozar de un nivel adecuado de bienestar material, una persona debe tener acceso a una serie de recursos como la alimentación, la vivienda, unos ingresos, etc. ¿Existe algo parecido en el bienestar subjetivo?

Hasta ahora, los valores relacionales son los más importantes para el bienestar subjetivo en la infancia, igual que en el mundo adulto. Para los adultos lo más importante es tener una buena relación con la pareja, familia, amigos. Y con los niños las cuestiones son similares. Los valores relacionales son los que contribuyen más a la satisfacción con la vida. Y sorprende el contraste entre los valores relacionales y materiales.

¿A qué se refiere con este contraste?

En poblaciones adultas, a partir de un mínimo de aspectos materiales cubiertos, el aumento de estos aporta poco para la satisfacción vital. A partir de allí lo importante son otras cosas: tener vacaciones, tiempo para estar con los amigos, con la familia. En cuanto a los niños, el problema es que no tenemos datos subjetivos de cuestiones económicas, ya que la valoración anterior no funciona con esta población. Para los niños y niñas lo material es importante, pero son otro tipo de indicadores como ropa para ir al colegio o el acceso a Internet los que determinan su satisfacción vital.

¿Está de acuerdo en que el bienestar de los niños es la cara del bienestar de una sociedad?

Sí. Tenemos que tomar conciencia de que los países que quieran velar por su futuro han de velar por sus niños y niñas. Es un mensaje que hemos distorsionado con el tiempo. A lo largo del siglo XX hemos pensado que los niños y niñas son los ciudadanos del futuro, son los futuros adultos, y los hemos olvidado como ciudadanos del presente.